sábado, 23 de octubre de 2010

Barroco de Chacao




El año que viene se inaugura el Teatro Municipal de Chacao, en Caracas. Sus promotores están interesados en revivir la producción de mi obra "Variaciones sobre un Concierto Barroco" para la temporada inaugural.

Se trata de una versión libre de la novela de Alejo Carpentier, que escribí y estrené en Londres hace once años y luego produje en Caracas (y de nuevo en Londres y finalmente en Bogotá) con Vicente Albarracín. En el texto mezclo las esencias de la música y la comida para hacer la narración, en clave de fiesta/carnaval/joda latino-caribeña, de un viaje de descubrimiento al revés, de este lado del charco hacia la Europa del barroco, y celebrar las transformaciones personales y culturales que tal encuentro propicia.

Con este texto comencé una indagación sobre narrativas multiculturales en la búsqueda de una forma de teatro musical que se parezca más a nosotros que los musicales de Broadway o del West End. Las llamo Óperas Transatlánticas. Llevo dos: este Concierto Barroco y Rondó Adafina (que se publicó y aún no se ha montado). Han pasado diez años de esa producción caraqueña y todavía la gente se acuerda!

Por lo pronto, el teatro se está construyendo y yo estoy haciendo estos dibujos para convertir un espectáculo que fue creado para un espacio no-convencional (una galería de arte en Londres y el sótano del Teresa Carreño en Caracas) en un espectáculo a la italiana.

El espacio es creado con puertas y paletas de carga (por aquello del viaje y el descubrir), y andamios. Evoca vagamente una diversidad de locaciones: la casa del amo en Veracruz; una taberna en La Habana; un barco; una posada en Madrid; las calles, El Ospedale della Pietá, el Teatro de la Fenice, en Venecia. Incluye una cocina real, en la que una cocinera prepara un plato de Moros y Cristianos para público y elenco.

El uso del rojo, que me suena a barroco, pretende hacer una conexión entre la colorida arquitectura caribeña y el rojo veneciano, origen y destino (o destino y origen) de un viaje circular.

domingo, 10 de octubre de 2010

Derretido por Carinhoso (Pixinguinha/Braguinha)



Con esta canción incorporo la categoría de música, con piezas que son referencias importantes para mi, a los textos que quiero compartir.

Este es Carinhoso, un viejísimo chorinho, quizás el más conocido, con música de Alfredo da Rocha Viana Filho (el gran Pixinguinha, compositor, flautista, saxofonista, cantante y director de orquesta, unos de los padres de ese género musical) y letra de Carlos Alberto Ferreira Braga (Braguinha).

El choro (lloro o llanto en portugués) es una forma de la música popular brasilera que nace de la canibalización de ritmos europeos en boga en los salones cariocas de fines del siglo 19: la polca, la mazurca y el chotis, y ritmos africanos, bastante más malandros, como el lundu. Un instrumento solista, normalmente una flauta, un clarinete o una mandolina, lleva la melodía con despliegues de virtuosismo y artes de improvisación, acompañados por un cavaquinho, una o dos guitarras y un pandeiro. En principio no había voz. La aparición del fonógrafo permitió que el choro se convirtiera en el primer fenómeno masivo de la música en brasil. Su impacto fue tal que en los años 20 Heitor Villalobos compuso un ciclo de 14 choros para diversas combinaciones de instrumentos, considerado uno de los pilares de su inmensa obra.

Este Carinhoso data del Rio de Janeiro de principios del siglo 20. Pixinguinha compuso la música en 1917 y Braguinha le puso letra 20 años después, cuando la versión instrumental ya era un clásico. A esta versión corresponde el primer video, cuya música ha debido ser grabada a fines de los años `30. A Pixinguinha le criticaron entonces la influencia extranjerizante de un reciente invento americano: el jazz. Es cierto, en la grabación se siente la presencia de Scott Joplin y el ragtime. Y es una maravilla. Rio de Janeiro meets New Orleans. ¿Cuan extranjeras pueden ser dos ciudades tan hijas de la misma diáspora, la de los negros yorubas del África occidental?


Pixinguinha y Louis Armstrong.




Casi un siglo después, la particular saudade (esa sosegada nostalgia amorosa) de la canción, tan sensual y elegante, sigue plenamente vigente. Sobre todo en la voz y el fraseo de Marisa Monte y en la guitarra de Paulinho da Viola, representantes de otras dos generaciones de la música popular brasilera. Hasta el video le hace justicia con la hermosa simplicidad de su imagen.

Me falta la versión que según los entendidos es la definitiva: la de Elis Regina. Cuando consiga un video con buen audio la publico

¿Como no derretirse con esta música?

miércoles, 9 de junio de 2010

Yo quiero ser como Ariel





"Yo quiero ser como Ariel" , borrador de un cuento basado en recuerdos de un episodio de mi vida en Nicaragua. Se puede leer haciendo click en:


Está en proceso y es parte de una colección que quiero escribir sobre hacerse adulto (coming of age, dicen los gringos) gay y venezolano

jueves, 13 de mayo de 2010

Vivir como un Violinsta sobre el Tejado

















Violinista sobre el Tejado, Producciones Palo de Agua. Aula Magna, Universidad Central de Venezuela, Caracas. Estreno 2007, reposición 2009.Director, Michel Hausman. Iluminación, Carolina Puig. Vestuario, Evelyn Villegas.

La casa, tener casa, perder la casa, cargar con la casa. El drama de un asentamiento judío en la Rusia de principios del siglo 20. Ese es el tema, aún vigente en esta época de desplazados en todas partes del mundo, que encaramos con esta escenografía. A partir de una tipología arquitectónica muy esencial, tomada en forma y color de las pinturas de Marc Chagall, creamos las diversas configuraciones del pueblo de Anatevka. Chagall es referencia obligada por su representación poética, onírica de la vida cotidiana de esta gente en este lugar y tiempo. Casualmente, Chagall fue no solo un hombre de la plástica, también lo fue del teatro. Se dedicó en varios momentos de la vida a la escenografía.

En un anfiteatro sin recursos escénicos de ningún tipo (el Aula Magna de la Universidad Central) era importante que todos los cambios pudieran ocurrir a vista del público. Conceptualmente tiene sentido que los ejecuten los actores, los habitantes del pueblo. La partitura ofrece la oportunidad de incorporar los cambios de escena de una manera coreográfica al espectáculo.

miércoles, 14 de abril de 2010

Las uniones civiles y la economía venezolana



Ciudadana Diputada
Cilia Flores
Presidenta
Asamblea Nacional
República Bolivariana de Venezuela

Parece mentira que a estas alturas la asamblea que usted dignamente preside no haya aprobado lo que haya que aprobar para dar lugar a la legalización de las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Lo digo porque si le creemos a la gente de la oposición, el partido de gobierno (y el gobierno mismo) está dirigido en buena parte por lo que comúnmente llamamos gente gay. A la simétrica, si oímos a los voceros del proceso, entre los opositores lo que abundan son dirigentes de esa misma orientación sexual.

Entonces ¿Cuál será el impedimento?

Se me ocurren tres:

1.La clase política en pleno está formada por ignorantes que no se han enterado de que el ejercicio de la sexualidad (en cualquiera de sus orientaciones) entre adultos que se pongan de acuerdo para ello es un derecho personalísimo que no representa ni delito ni enfermedad alguna ni amenaza a nadie.

2.La clase política en pleno está formada por mentirosos y, al igual que en Irán, aquí los gays no existen.

3.Le tienen miedo a los curas.

Como la iglesia anda tan rayada por estos días, me parecería de un ventajismo desleal tumbarles el parapeto doctrinario que sustenta la homofobia, tan caduco como la lapidación bíblica de las mujeres adúlteras. También me parece aburrido repetir lo que ha puesto en evidencia la ciencia desde años sobre lo sanas y normales que son las diversas orientaciones sexuales, o el obvio discurso político que dice que si los ciudadanos gays tienen los mismos deberes deberían tener los mismos derechos que todo el mundo.

Creo que, a estas alturas, el argumento definitivo e irrefutable es el que nos da la economía.

Está documentado que una estrategia de supervivencia histórica de los grupos oprimidos de toda índole es desarrollar la capacidad para armar una buena rumbita. Pregúnteselo a cualquier antropólogo. Al día siguiente a la publicación en gaceta de la legalización de las uniones civiles comenzará a crecer una bola de nieve de bienestar económico impulsada por el boom de las agencias de fiestas montando los saraos nupciales (o unión-civilistas, o cómo decidan llamarlos) de este aproximadamente 10%, según el clásico estudio de Kinsey, de la población. No olvidemos que esos ciudadanos tienen familias y amigos de otras persuasiones que, con toda seguridad, se sumarán al jolgorio. Calcule usted el beneficio a la industria del tequeño; los fabricantes de cotillones; los modistas, sastres y alquiladores de trajes; las orquestas, mariachis y DJs mata-tigres; los floristas y fabricantes de centros de mesa; los que graban los videos y hacen las crónicas sociales; los que envasan el hielo en bolsas. Si las parejas gays se parecen en algo a sus semejantes heterosexuales, se multiplicarán las ventas de artefactos de línea blanca y otros adminículos más o menos inútiles propios de las listas de bodas.

No crea que estoy exagerando cuando digo que este puede ser el empujón que necesita una economía tan estancada como la nuestra. Ha pasado antes.

Un buen ejemplo de ello es lo que ocurrió en el barrio de Soho de la ciudad de Londres durante el gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher. La dama de hierro nunca fue propiamente un adalid de las causas más progresistas, más bien todo lo contrario, pero ciertamente era una gerente pragmática y eficiente.

El Soho había sido desde la época victoriana el barrio de la prostitución, la pornografía y el tráfico de drogas, una mancha en pleno centro de la ciudad. También era una zona “alternativa”, de cafés bohemios y pubs gays. Dos caras de la misma moneda: un territorio oscuro, peligroso, con problemas de infraestructura pero también una zona con mucho carácter, atractiva e interesante.

Los yuppies conservadores inventaron un plan para atraer con incentivos fiscales a inversionistas dispuestos a montar negocios legítimos que revitalizaran la zona. Descubrieron algo que, de manera bastante peyorativa, llamaron la “libra rosada”. Entre la gente gay de clase media hay muchos profesionales exitosos, sin demasiadas cargas familiares y dispuestos a gastar buena parte de sus ingresos en cultura, entretenimiento, actividades sociales y de mejoramiento personal. Reunieron a un grupo de pequeños empresarios gays (o afines a la comunidad gay) que respondieron montando cafés, restaurantes, galerías, librerías y tiendas que convirtieron al Soho, primero en el barrio gay por excelencia de la ciudad y luego en el barrio de moda para gente de cualquier orientación sexual. Bajó la delincuencia, aumentó la generación de impuestos y la ciudad ganó un atractivo turístico más. Ahora cualquier fin de semana desfilan por Old Compton Street miles de personas (familias tradicionales incluidas); en verano las aceras se llenan de sillas y mesitas, y se puede disfrutar el mejor capuchino de la ciudad.

Poner fin a la homofobia, la discriminación patológica, insensata y primitiva contra la gente gay, no es solo una exigencia del avance de la humanidad, también puede ser buen negocio. A legislar, señores.

Atentamente,


Edwin Erminy
(Esta carta fue enviada vía electrónica a la dirección de la diputada Cilia Flores en la Asamblea Nacional. Nunca fue respondida.)
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